domingo, 12 de febrero de 2012

El Juego.


Estaba en un café de mala muerte, lleno de gente fumando  y camareras a las que te asustaba pedirle un mísero café con leche. Las paredes estaban amarillentas por el humo del tabaco, aunque tampoco se podían distinguir mucho por la poca iluminación del garito. Toda la gente que estaba sentada allí no parecía venir de muy buena familia que digamos, ni tampoco tenían cara de haber roto nunca un plato pero en ese aspecto no debería quejarme, ya que yo tampoco estoy aquí para hacer nada bueno.  Todavía sigo sin entender cómo he conseguido llegar hasta aquí sin perderme, porque éste es un café de carretera apartado de la sociedad, por eso mismo quería citarme allí con mi víctima. Quizás no debería llamarle víctima, ya que si el trueque estaba en regla no debería salir herido nadie, pero me gusta darle emoción a la cosa.

Las 10:00 am, hora del encuentro. Se abre la puerta metálica poco a poco y aparece la silueta de mi colega de negocios, Charlie. Es un tipo delgado, siempre trajeado y engominado hasta las trancas, parece sacado de una película de los años cincuenta. Le hago un gesto con la cabeza y se acerca.

-¡Hey! ¿Cuánto tiempo hacía que no nos veíamos?

-Fuera bromas Charlie, más te vale traerlo todo.

-Venga ya tío, ¿no me vas a dejar ni que me tome un café contigo?

-Pide algo rápido, tengo prisa.

Minutos más tarde la camarera nos trae dos cafés.

-Veamos, John, quiero que entiendas que este año no nos ha ido muy bien a mi familia y a mí. He tenido que apretar el gatillo varias veces para traerte todo esto, aquí tienes.

-(Abro el maletín) ¡Te dije cien de los grandes!, ¿Dónde está el resto?

-John, John, relájate, tengo la otra mitad en el coche, no quería arriesgarme a traer tanto dinero aquí. Bebe lo que te queda y vamos a mi coche.

Llamo a la camarera y le pago los cafés de mala gana. Charlie y yo salimos fuera y miramos a nuestro alrededor, no hay nadie, no pasa ningún coche, todo está desierto. Me dice que lo siga hasta donde ha aparcado el coche. Entre varios tropiezos con piedras y una  larga caminata divisamos el coche desde lejos, me extrañaba que lo hubiera aparcado a tanta distancia de la cafetería pero supuse que lo hizo para no levantar sospechas.

Justo cuando me sitúo delante del coche, Charlie abre la puerta y esconde algo en el bolsillo de tu chaqueta, se le nota una expresión enfurecida. Se vuelve hacia mí apuntándome con una Beretta 92, el tipo de pistola que usan en las fuerzas armadas. Doy un paso hacia atrás.

-No puedes hacerlo, controlo todos tus movimientos, acabaras a mi lado en el cementerio si lo haces.

-No estés tan seguro, John.

El disparo retumbó por los alrededores como un fuego artificial al estallar, a John se le acabó el juego

lunes, 15 de agosto de 2011

La extraña Laura. Capítulo 4.

Me levanto del sillón del despacho rápidamente e intento mantener la calma, esto no puede estar pasando, quiero despertarme de este sueño, ¿qué puede haber sucedido?...
Ya no aguanto más y rompo el inquietante silencio de camino al aparcamiento del instituto:
-Señor Chace, cuénteme lo que ha pasado por favor.
-Prométeme que esto no saldrá de aquí, no puedo arriesgarme a que se difunda el rumor.
-Se lo prometo.
-De acuerdo. Verás Sophy, cuando tu hermana se matriculó en este instituto, sabíamos a lo que nos estábamos enfrentando al aceptarla, ella se prestó a iniciar aquí sus estudios de secundaria para averiguar cosas, cosas sobre ella misma y sobre lo que le estaba pasando...
No entiendo nada, tengo millones de preguntas ansiosas por salir de mi mente pero prefiero esperar a que lo explique todo el señor Chace.
-...Creo que te acordaras del profesor de química que daba clases a tu hermana los martes y jueves, el señor Hank. Era una tapadera, en realidad el sr. Hank no se dedica a la enseñanza, es un investigador estadounidense que se trasladó hasta aquí, hasta Down River, para conocer y tratar el caso de Laura.
Llegamos al coche del sr. Chace, un Mercedes de color verde botella con la tapicería oscura, nos montamos y mientras conduce sigue la historia.
-Laura es una chica especial, las noches de luna llena algo se apodera de ella, un poder que todavía no conseguimos averiguar cuál es. Le ocurren una serie de fases en las que se iluminan sus manos, pero eso no es lo más extraño...
El sr. Chace da un frenazo inesperado y me asomo por la ventanilla para ver lo que ha pasado. Un accidente a unos metros de nosotros nos hace pausar la conversación pero en mi cabeza siguen dando vueltas demasiados conceptos, estoy tan aturdida...

sábado, 2 de julio de 2011

La extraña Laura. Capítulo 3.

Me desperté sobresaltada, lo primero que vi fueron unos azulejos verdosos con mal aspecto, giré la cabeza, y allí estaba la enfermera gorda y repelente del instituto. Me miró y puso esos morritos típicos de ella, después me dijo:
-Niña, ¿estás mejor?
No sabía qué contestar, estaba desconcertada y con un dolor de cabeza descomunal así que hice un gesto como de afirmación y miré a otro lado. Esperé a que mi dolor de cabeza se pasara y hablé con ella:
-¿Qué ha pasado?
-Pues.. bah, luego te enterarás niña, ahora tienes que ir al despacho del director que quiere hablar contigo.
-¿Y qué he hecho yo?
¿A mí me lo preguntas? Anda, corre y lárgate de aquí, quiero echar un pitillo en la ventana.

Me puse en pié y salí por la puerta gris y continué el pasillo vacío y silencioso poniendo verde a la enfermera de las narices. A la única persona que me encontré fue a un chico con una cresta, estaba expulsado de clase, vete tú a saber por qué...
Llego a la puerta del despacho, el director me abre sin más, daba la impresión de que me estuviera esperando.
-¿Te has recuperado del todo Sophy?
- Más o menos, todavía me duele la cabeza.
- Y bien, sabes lo que pasó, ¿verdad?
- No tengo ni idea, sólo vi a mi hermana tumbada en el suelo muy pálida y ya no me acuerdo de más.
-Deja que te cuente, tu hermana llegó al instituto con muy mala cara, se ve que unos chicos la asaltaron en mitad del pasillo
- ¡¿Cómo?!
-Espera, déjame acabar. La vieron en su taquilla cogiendo algunos libros y vieron algo raro, la cogieron la metieron en los servicios, ella escapó corriendo y en mitad del pasillo se derrumbó, algo le hicieron en el servicio para que se derrumbara sin más...
-No me lo puedo creer...
-Eso no es todo, Sophy, tu hermana no es una chica normal, tu hermana confió en nuestro equipo directivo y...
-¡Suéltelo!
-Será mejor que te lo explique mientras vamos al hospital a visitarla, acompáñame.

Estoy hecha un lío, no sé qué decir ni qué pensar, tenía razón, algo está ocurriendo...

domingo, 26 de junio de 2011

La extraña Laura. Capítulo 2.

Pisamos el húmedo césped hasta llegar a la puerta principal, las escaleras estaban más limpias de lo normal, algo que nos extrañaba, también el pasillo tenía menos polvo que habitualmente. Aquí pasa algo raro. Nos centramos en sortear a los miles de alumnos que pasan por el pasillo para llegar a nuestra taquilla. Aún sigo sin rastro de Laura, los más seguro es que esté con su amiga Paula, son inseparables.
Como todas las mañanas, abro mi taquilla, cojo mis libros aunque no creo que los utilice, y espero a Lenny que llega a toda prisa:

- Sophy, tienes que ver esto.
-¿Qué pasa?
- Ya te contaré, tú ven conmigo.

Me lleva de la mano escaleras arriba, es una sensación rara ir cogida de la mano con él, aunque nada molesta. Llegamos. Había un corrillo de gente y todos sin razón alguna me abrían paso para llegar al centro. Veo a mi hermana tumbada en el suelo totalmente pálida y sin conocimiento. Automáticamente me tiro al suelo e intento despertarla dándole dos bofetadas. No reacciona. En cuestión de segundos aparece el profesor Thomson y la multitud se dispersa. Se agacha conmigo, intenta hacer lo que puede y llama a una ambulancia.

Tengo el pecho absolutamente encogido, un malestar impresionante y un contaste pálpito profundo. El agobio puede conmigo mientras veo cómo la suben a la camilla y caigo desplomada al suelo.

En mi mente aparece una imagen borrosa. Estoy asustada. Oigo una voz y algo me dice que algo malo estaba pasando aquel día, que Laura esa mañana no era consciente de lo que hacía, que algo en ella la estaba incitando a no ser como era. Esto no huele nada bien, y yo sigo en mi mente sin saber si despertar o seguir allí para no saber lo que ocurre.

Algo huele mal, insisto, algo huele mal en este asunto...

viernes, 17 de junio de 2011

La extraña Laura. Capítulo 1.

Esa mañana Laura no era la de siempre. Se levantó y lo primero que hizo fue tomar un vaso de agua. No se encontraba bien, supongo que anoche estaría de copas con los amigos hasta hace poco y para colmo hoy tiene instituto.

La espero abajo, mientras ella se viste me pongo unos cereales e intento poner buena cara hasta que baje. La oigo pegar un portazo y aguantar la puerta, como si algo le estuviera empujando a hacerlo, tras un forcejeo tras otro se oye otro portazo y bajar las escaleras a toda prisa. Me extraña todo esto bastante, pero a estas horas de la mañana no es un buen momento para hacer preguntas. Me callo y sigo con mis cereales.

Laura se sienta, se la ve acalorada y malhumorada, se toma unas galletas y sale de la casa sin mí, yo como una tonta no le replico nada, me tomo mi tiempo y salgo a mi hora.

Era una mañana de otoño con niebla por todas partes, no se podía ver como el señor Philips regaba sus plantas, ni como el perro de la vecina de enfrente jugaba a morder el agua de los aspersores, tampoco era una imagen imprescindible pero daba un toque acogedor a la rutina de todas las mañanas. Veo que me estoy entreteniendo mucho, dejaré de mirar alrededor y seguiré hasta la parada de bus donde me recogen, espero encontrarme con Laura.

Llego a toda prisa y me monto en el autobús amarillo típico de las películas americanas, el conductor es muy fan y la decoró así sin razón alguna. Ya está casi lleno, busco algún asiento y me encuentro con Lenny, mi mejor amigo, como siempre me estaba guardando el sitio, al lado de la ventanilla, donde me gusta a mí. Echamos un rato de charla mientras dibujamos tonterías en el cristal empañado del bus. Cuando llegamos a la parada, nos abrochamos el abrigo y salimos todos en estampida, no precisamente por la motivación de ir al insti, sino porque nadie quiere perderse el último día de clase, sin exámenes y prácticamente sin clases, esto es un lujo.


jueves, 22 de abril de 2010

Caminante de la noche

Esta poesia fue la que presenté en un concurso para el instituto, y gané el primer premio.. espero que les guste:


Caminando a la deriva
no quiero mirar atrás,
por miedo a perder
el camino recorrido.

Dicen los antiguos,
que si miras atrás,
no tienes valor,
cobarde serás.

Después de tanto andar,
en la playa me senté,
y con la suave brisa,
las olas iban a morir a mis pies.

Desde allí se veía,
la linda mar,
con la luna al acariciar,
las aguas marinas.

Oh,luna
grande es tu esplendor,
será tu hermosura,
será tu color,
será tu pintura,
será tu resplandor.

No se ve nada,
O tal vez yo no me atreva a mirar,
me conformo simplemente,
con mi triste soledad,
a la que acompaña débilmente,
aquella oscuridad.